La semana pasada finalizábamos nuestra entrada semanal (sí, es semanal y sale todos los sábados o domingos - eso depende de nuestras obligaciones familiares cada fin de semana) haciendo dos invitaciones a nuestros lectores: la primera era más privada y personal y es difícil verificar si os ha parecido interesante de comprobar. La segunda, consistente en señalar algunos lugares de concentración de esos "moteros" ruidosos e insolidarios para, así decíamos, facilitar la labor de la policía, no parece haber tenido demasiado eco, más allá de una solitaria aportación de un anónimo comprometido, algo que nos ha llamado la atención considerando el número creciente de lectores de esta página (¡Gracias a todos y todas!).
Esto nos ha hecho reflexionar sobre otra cuestión respecto de la cual probablemente sea interesante aportar algunas ideas y que ya habíamos apuntado la semana pasada, la peculiar relación que tienen algunos piporros (quédese claro que nunca pretendemos generalizar sino poner una luz sobre algunos comportamientos concretos de algunas personas) con la autoridad, con las normas de convivencia que la autoridad marca y con los agentes de la autoridad que tienen encomendado el cumplimiento de las mismas.
Y es que, en nuestra opinión, pudiera parecer que algunas personas no han entendido del todo la necesidad de ordenar la convivencia para que ésta resulte más grata para todos. Señalemos algunas de las conductas, reacciones y formas de pensar que nos han llamado más la atención:
1. En primer lugar advertir sobre aquellas personas que piensan, creen y viven de acuerdo con la idea "a mi nadie me dice lo que tengo que hacer". Ya apuntábamos la semana pasada el peligro de este tipo de forma de pensar, que tiene que ver con otra idea, también presente en estas personas que podría resumirse como "si a mi me interesa, vale... y no hace falta pensar en nada más". Podemos observar muchas manifestaciones de ella, desde aspectos tan cotidianos como aparcar un coche en un lugar prohibido hasta otras de mayor trascendencia e importancia.
2. Otro punto que, bien analizado, resulta hasta ridículo por lo surrealista es que a mucha gente le suele molestar que los agentes de la autoridad, por ejemplo, la policía local, hagan su trabajo. No es difícil encontrarse un grupo de personas en cualquier bar en el que alguien comenta, con gesto entre el desagrado y la advertencia, "pues ayer estaban poniendo multas de tráfico en nosequé sitio".
Decimos lo de surrealista porque la mayoría de ciudadanos solemos exigir de los funcionarios que hagan su trabajo. A todos nos desagrada que al acudir a cualquier ventanilla en cualquier administración nos encontremos con que no está hecho lo que necesitamos, o que la persona en cuestión se encuentra ausente, etc. Y en este tipo de situaciones la gente suele mostrar una cierta indignación que tiene que ver con que " les pagamos entre todos" y otras reflexiones al uso. Por eso resulta al menos llamativo que para un cierto número de personas el criterio que se aplica a la policía suele ser precisamente el contrario y que parece molestar lo que en otros se exige: que hagan su trabajo con diligencia y eficacia.
3. Tampoco es difícil encontrar a aquellas personas que, cuando hacen algo contrario a una norma parecen buscar amparo y justificación en que otras personas lo han hecho también y no se les ha penalizado por ello.
La frase que podría salir de la boca de ese indignado ciudadano es del tipo "como me denuncien a mí por esto me van a oir, porque ayer menganito hizo lo mismo y nadie le dijo nada".
Estas personas parecen querer transformar algo que es una obligación individual, la del cumplimiento de las normas, en una obligación colectiva, algo así como "o todos o ninguno". Parecen olvidar lo que ya hemos indicado, que las obligaciones ciudadanas afectan a cada persona por separado, que las responsabilidades son también individuales y que resulta totalmente imposible que la policía pueda estar presente en cada momento en el que se hace algo contrario a lo regulado y que ello no exime a cada uno de cumplir con su obligación en cada momento.
4. Una consecuencia de todo ello es que sospechamos que la policía no es un colectivo demasiado apreciado por una parte de la población piporra. Y esto es algo que no hemos podido entender nunca demasiado bien.
Pareciera que nos olvidamos de algunas cosas importantes, como que son personas a las que no les resultará demasiado grato tener que sancionar; que realizan una tarea que a veces será difícil y polémica e, incluso, peligrosa; que están al servicio del ciudadano e incluso que para ello tienen unas condiciones laborales (turnos) que harán a buen seguro más difícil su vida personal y laboral. Y señalamos este último punto porque parece ser algo valorado en otros colectivos menos en este.
Por supuesto que quien tenga por costumbre cumplir las normas de convivencia, de circulación, etc... no tendrá una percepción negativa de estos profesionales y hasta les gustará, al menos a nosotros nos pasa, verlos muy presentes en todo el pueblo y en todo momento. Imaginamos que hay otras personas para las que estos funcionarios a veces son obstáculos que se interponen entre ellos y sus deseos de hacer lo que le venga en gana.
5. Por último y quizá lo que más nos sorprenda es ese grupo de personas (que sí, que los hay) que reaccionan ante una sanción de algún tipo con prepotencia y una cierta superioridad. Veamos su frase tipo: "¿Cómo se les ocurre denunciar a mi hijo por ir sin casco con la moto? Pues se paga y ya está. Pa eso está su padre" (imaginamos a este otro tipo de ciudadano indignado diciendo esto esto y acariciando al mismo tiempo la cabeza - sin casco, por supuesto- de su beatífico hijo que, claro está, no ha hecho nada reprobable).
Seguiremos analizando este fenómeno. Por supuesto, podéis aportar otros tipos de comentarios o reflexiones, si lo deseáis. Sirva esta entrada como nuestro peculiar respaldo a estos profesionales en su trabajo.
Hasta el próximo fin de semana!
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