250 invitados; 10 mesas enoooormes (engalanadas para la ocasión); cientos de kilos de carne; por supuesto, el jamón "del bueno" y las gambas (de Huelva, claro), no pueden faltar; comida para un ejército (que, por supuesto, sobrará); al menos 15 tartas; café, copa, puro; detalles para los asistentes; reportaje de vídeo y fotografías; cinco o seis camareros contratados para la ocasión... y, ¡claro!, "la barra libre" (qué va a decir la gente en el pueblo si se entera que no ha habido barra libre).
Creo que me quedo algo en el tintero. Hagamos memoria... bueno, sí, un par de cosas pero creo que no me acordé de ellas porque son menos importantes. Lo esencial está ya puesto en el primer párrafo... Pero sí, faltan un par de cosas: en algunos casos, un crédito bancario para pagar todo eso y, en medio de toda esa tremenda infraestructura, un niño o niña con un traje o vestido bien caro que parece ser que ha hecho la Comunión.
Falta un ingrediente más... una familia que sólo ve la superficie de las cosas. La necesidad de "llegar al mismo nivel" que aquellos que nos invitaron a nosotros el año pasado o "de poner las cosas difíciles" a los que nos invitarán el año que viene. Una carrera absurda en la que cada vez ejerce más presión el intentar no "ser menos " que los demás. La ostentación, el derroche y el exceso. La dificultad para mirar y valorar la esencia de las cosas y la vía fácil de quedarnos en lo externo, en el artificio, la anécdota, la "romería".
Con independencia de lo que uno pueda pensar sobre los valores o prácticas religiosas (de eso podemos hablar otro día), lo que sucede tiene que ver con el desplazamiento del verdadero valor de las cosas a un segundo plano. La celebración es más importante que lo celebrado; la alegría la proporcionan las comidas abundantes, el alcohol, la música... y nada tiene que ver con lo espiritual, lo interno, la emoción subjetiva de alguien que da un paso que, se supone que, es importante, para su crecimiento religioso. Se celebra la "generosidad" de la familia o la fortaleza de su cuenta corriente.
Pero, claro, ¿cómo va a ser mi niño o mi niña menos que nadie?
Nos olvidamos que cuando se educa en el vacío; cuando se enseña a priorizar lo que realmente no es importante; cuando no se proporcionan valores esenciales frente al circo en el que vivimos... entonces sí que ponemos a esos niños o niñas en un riesgo severo de ser menos... o no ser nada.
domingo, 25 de mayo de 2008
domingo, 18 de mayo de 2008
SALIR DEL ERROR
Te equivocas si piensas que una vida más rica, diferente, es patrimonio de unos cuantos.
Te equivocas si piensas que estás donde tienes que estar y no puedes moverte de ahí.
Te equivocas si piensas que el querer ser escuchado es sólo para unos cuantos que, aparentemente, tienen cosas interesantes que decir.
Te equivocas si piensas que nadie quiere oirte, o que a nadie le puede parecer interesante lo que tú tengas que decir.
Te equivocas si piensas que la creatividad no es compatible con tu vida de albañil, agricultor, administrativo, ama de casa...
Te equivocas si piensas que cualquiera que crea que tiene un DON delante de su nombre y apellidos es más importante que tú. ¿Qué significa "ser importante"?
Te equivocas si piensas que la cultura sólo la tienen y la pueden disfrutar los que han estudiado, los que hablan mejor que tú o los que dicen haber leído mucho.
Te equivocas si piensas que disfrutar de la música, la literatura, la pintura es algo vetado a unos pocos y está fuera de tu alcance.
Te equivocas si piensas que ser emprendedor es algo que sólo pueden permitírselo los que tienen dinero.
Te equivocas si piensas que tú no tienes buenas ideas.
Te equivocas si piensas que tú no vales más de lo que pagan por tu trabajo en tu empresa.
Te equivocas si terminas creyendo en las diferencias y en las barreras que marcan aquellos a los que les interesa que existan barreras y diferencias.
Te equivocas si piensas que tú no puedes asumir responsabilidades en tu vida, en tu familia, en tu empresa, en asociaciones, en tu pueblo... en lo que te apetezca.
Te equivocas si piensas que no puedes seguir aprendiendo.
Te equivocas si piensas que más allá del trabajo, el bar y el sillón de tu casa no hay nada que merezca la pena.
Te equivocas si piensas que ir a más es tener mas dinero o comprar más tierras o tener más pisos o propiedades.
Te equivocas si piensas que la educación de tus hijos es cosa de los maestros; que el que vayan bien las cosas en el pueblo es cosa de los políticos; que el que se cumplan todos tus derechos laborales es cosa de tus jefes; que el que tu vida funcione como tu quieres es cosa del azar, la inercia y la suerte.
Te equivocas si no te has dado cuenta de que crecer es una tarea que tienes asignada de por vida; que tienes derecho a cumplir tus sueños; que tu terreno de juego no tiene límites y que puedes ir, buscar, aprender, disfrutar... donde tú quieras.
Te equivocas si no te apetece que las cosas cambien un poco cada día y si no te apetece encontrar cada día cosas nuevas que te entusiasmen y te hagan más rico... de verdad.
Te equivocas si piensas que estás donde tienes que estar y no puedes moverte de ahí.
Te equivocas si piensas que el querer ser escuchado es sólo para unos cuantos que, aparentemente, tienen cosas interesantes que decir.
Te equivocas si piensas que nadie quiere oirte, o que a nadie le puede parecer interesante lo que tú tengas que decir.
Te equivocas si piensas que la creatividad no es compatible con tu vida de albañil, agricultor, administrativo, ama de casa...
Te equivocas si piensas que cualquiera que crea que tiene un DON delante de su nombre y apellidos es más importante que tú. ¿Qué significa "ser importante"?
Te equivocas si piensas que la cultura sólo la tienen y la pueden disfrutar los que han estudiado, los que hablan mejor que tú o los que dicen haber leído mucho.
Te equivocas si piensas que disfrutar de la música, la literatura, la pintura es algo vetado a unos pocos y está fuera de tu alcance.
Te equivocas si piensas que ser emprendedor es algo que sólo pueden permitírselo los que tienen dinero.
Te equivocas si piensas que tú no tienes buenas ideas.
Te equivocas si piensas que tú no vales más de lo que pagan por tu trabajo en tu empresa.
Te equivocas si terminas creyendo en las diferencias y en las barreras que marcan aquellos a los que les interesa que existan barreras y diferencias.
Te equivocas si piensas que tú no puedes asumir responsabilidades en tu vida, en tu familia, en tu empresa, en asociaciones, en tu pueblo... en lo que te apetezca.
Te equivocas si piensas que no puedes seguir aprendiendo.
Te equivocas si piensas que más allá del trabajo, el bar y el sillón de tu casa no hay nada que merezca la pena.
Te equivocas si piensas que ir a más es tener mas dinero o comprar más tierras o tener más pisos o propiedades.
Te equivocas si piensas que la educación de tus hijos es cosa de los maestros; que el que vayan bien las cosas en el pueblo es cosa de los políticos; que el que se cumplan todos tus derechos laborales es cosa de tus jefes; que el que tu vida funcione como tu quieres es cosa del azar, la inercia y la suerte.
Te equivocas si no te has dado cuenta de que crecer es una tarea que tienes asignada de por vida; que tienes derecho a cumplir tus sueños; que tu terreno de juego no tiene límites y que puedes ir, buscar, aprender, disfrutar... donde tú quieras.
Te equivocas si no te apetece que las cosas cambien un poco cada día y si no te apetece encontrar cada día cosas nuevas que te entusiasmen y te hagan más rico... de verdad.
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miércoles, 14 de mayo de 2008
Semana BLANCA
No, no nos hemos ido. Esta semana la hemos tenido que dedicar... a otras cosas. El próximo fin de semana volveremos con nuevas entradas y comentarios sobre... la vida en Aceuchal.
Gracias por vuestra fidelidad y confianza.
Gracias por vuestra fidelidad y confianza.
sábado, 3 de mayo de 2008
LO PÚBLICO Y LO PRIVADO
Existen diversas formas de entender lo público, lo colectivo, lo que es de todos, aquello de lo que todos nos beneficiamos y en lo que todos deberíamos colaborar. Algunas de esas formas parten de la solidaridad y el respeto a los bienes comunes. En otras, sin embargo, lo público se valora desde la clave de lo privado y conducen al aprovechamiento egoísta de lo que no es propio, al "tonto el último", a la picaresca y al robo. Desgraciadamente, esta última perspectiva de lo público no es precisamente minoritaria.
Se equivocan aquellos que piensan que los bienes públicos son de todos y que se puede hacer uso particular y privado de ellos en cuanto surja la ocasión o la necesidad. Se equivocan, por tanto, aquellos que creen (o quieren hacer creer) que lo público, por el mero hecho de serlo, pertenece a cada uno de los miembros del grupo. Lo público no es propiedad de nadie y, al mismo tiempo, es propiedad de todos. De la capacidad para entender esta sencilla paradoja puede depender, en mayor o menor medida, el desarrollo de un grupo, de un pueblo, de un país...
Da igual de lo que se trate, el error será simpre el mismo. No importa si se trata de una calle, en la que uno cree que puede hacer lo que quiera por que "es de todos"; de utilizar la electricidad del alumbrado público para abastecer el domicilio propio; de construir sobre una acera... o sobre suelo público. Seguro que hay múltiples ejemplos.
Muy relacionado con lo anterior hemos detectado otro error, bastante extendido, que tiene que ver con pensar que los recursos públicos son, al mismo tiempo que propios, también ajenos y, además, ilimitados.
Ajenos porque pudiera parecer que para algunos los recursos públicos surgen "de la nada", olvidándose que lo público se construye con el esfuerzo, trabajo y aportación de todos... o casi tods. Ilimitados porque a veces parece no comprenderse que estos recursos no han de ser desaprovechados, pueden agotarse y dejar de estar disponibles para los fines en los que deberían emplearse.
Resulta triste y desazonador conocer gente que, sin la menor necesidad real, pretenden aprovecharse de lo que es de todos para su beneficio personal. Es desalentador la forma en la que algunos tratan de obtener lo máximo posible de los bienes comunes como si esos bienes comunes no fueran, igualmente, suyos.
Es incomprensible observar cómo los que deberían ser instrumentos de solidaridad y redistribución de riqueza (subvenciones, becas, paro...) se convierten, para algunos que no necesitan hacer uso de ellos, en formas de sacar "cuanto más dinero, mejor" como si alguien regalara ese dinero para que fuera saqueado por los más listos o por los especialistas en el engaño y la picaresca.
Es, además, preocupante cómo este tipo de comportamientos se convierte, a veces, en tan generalizado que no se oculta sino que los que los perpetran suelen jactarse de ello, como si olvidaran que con ello sólo ponen de manifiesto su egoísmo y desprecio por los demás.
Es, también, injusto comprobar cómo este tipo de ciudadanos son, a veces, los que menos contribuyen a crear las reservas públicas y cómo son los que hacen más uso (indebido) de ellas. Se equivocan.
También se equivocan los poderes públicos cuando no ejercen su principal responsabilidad, evitar el abuso y el uso inadecuado de los bienes que son de todos.
Es difícil crecer así. Cuando una sociedad se alinea lentamente del lado del egoísmo, aprovechamiento, el desprecio por los que sí necesitan protección o ayuda... está orientando su futuro hacia las desigualdades, el individualismo desconsiderado, la desconfianza y el estancamiento.
Se equivocan aquellos que piensan que los bienes públicos son de todos y que se puede hacer uso particular y privado de ellos en cuanto surja la ocasión o la necesidad. Se equivocan, por tanto, aquellos que creen (o quieren hacer creer) que lo público, por el mero hecho de serlo, pertenece a cada uno de los miembros del grupo. Lo público no es propiedad de nadie y, al mismo tiempo, es propiedad de todos. De la capacidad para entender esta sencilla paradoja puede depender, en mayor o menor medida, el desarrollo de un grupo, de un pueblo, de un país...
Da igual de lo que se trate, el error será simpre el mismo. No importa si se trata de una calle, en la que uno cree que puede hacer lo que quiera por que "es de todos"; de utilizar la electricidad del alumbrado público para abastecer el domicilio propio; de construir sobre una acera... o sobre suelo público. Seguro que hay múltiples ejemplos.
Muy relacionado con lo anterior hemos detectado otro error, bastante extendido, que tiene que ver con pensar que los recursos públicos son, al mismo tiempo que propios, también ajenos y, además, ilimitados.
Ajenos porque pudiera parecer que para algunos los recursos públicos surgen "de la nada", olvidándose que lo público se construye con el esfuerzo, trabajo y aportación de todos... o casi tods. Ilimitados porque a veces parece no comprenderse que estos recursos no han de ser desaprovechados, pueden agotarse y dejar de estar disponibles para los fines en los que deberían emplearse.
Resulta triste y desazonador conocer gente que, sin la menor necesidad real, pretenden aprovecharse de lo que es de todos para su beneficio personal. Es desalentador la forma en la que algunos tratan de obtener lo máximo posible de los bienes comunes como si esos bienes comunes no fueran, igualmente, suyos.
Es incomprensible observar cómo los que deberían ser instrumentos de solidaridad y redistribución de riqueza (subvenciones, becas, paro...) se convierten, para algunos que no necesitan hacer uso de ellos, en formas de sacar "cuanto más dinero, mejor" como si alguien regalara ese dinero para que fuera saqueado por los más listos o por los especialistas en el engaño y la picaresca.
Es, además, preocupante cómo este tipo de comportamientos se convierte, a veces, en tan generalizado que no se oculta sino que los que los perpetran suelen jactarse de ello, como si olvidaran que con ello sólo ponen de manifiesto su egoísmo y desprecio por los demás.
Es, también, injusto comprobar cómo este tipo de ciudadanos son, a veces, los que menos contribuyen a crear las reservas públicas y cómo son los que hacen más uso (indebido) de ellas. Se equivocan.
También se equivocan los poderes públicos cuando no ejercen su principal responsabilidad, evitar el abuso y el uso inadecuado de los bienes que son de todos.
Es difícil crecer así. Cuando una sociedad se alinea lentamente del lado del egoísmo, aprovechamiento, el desprecio por los que sí necesitan protección o ayuda... está orientando su futuro hacia las desigualdades, el individualismo desconsiderado, la desconfianza y el estancamiento.
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